Una apuesta por el turismo sostenible, la cultura y la colaboración entre la asociación La Ablanosa y Ayuntamiento de Llanes.


Llanes, una senda con mucho encanto.

El Camín Encantáu, con algo más de 9 kilómetros de recorrido por el valle de Ardisana, ofrece paisaje y mitología

 

  

Uno de los rincones del Camín Encantáu, en el valle de Ardisana, en Llanes. begoña díaz
 Llanes, Begoña DÍAZ
Recorrer el Camín Encantáu, en el llanisco valle de Ardisana, permite descubrir vistas, lugares excepcionales y, a la vez, mitología. El Camín Encantáu es una ruta con algo más de nueve kilómetros de recorrido. Naturaleza en estado puro. Estrechos caminos, pedreros y una vegetación exuberante convierten el trayecto es una atractiva aventura para todo aquel que decide adentrarse en la Asturias más profunda.

El Camín Encantáu comienza en La Venta, donde se puede dejar el vehículo. Allí se encuentra la primera de las esculturas talladas en madera que salpican el recorrido. En este caso, una reunión de trasgos, que dan la bienvenida a todos los senderistas. Todas las figuras mitológicas situadas a lo largo del Camín son obra del artista Pedro Bueno y los textos que las acompañan fueron elaborados por el director de cine Tomás Fernández, quien explica de manera breve el carácter de cada ser mitológico.

A partir de La Venta, siguiendo las flechas indicadoras, se pasará por las localidades de Gomezán, La Maletería, Palaciu, Ardisana y Ricaliente, paraíso del hórreo, donde termina la ruta. En las aproximadamente cuatro horas que dura la aventura aparecen en el camino seres como el sumiciu, personaje recordado siempre que algo se pierde; el home del sacu, que se lleva a los niños malos; el pataricu, ser mitológico marino dotado de un solo ojo; el diañu burllón, un diablillo travieso; el nuberu, señor de la lluvia y los vientos; el segador, el cuélebre, la llavandera, el busgosu, amo de los bosques ,y la castañera, que ofrece a los caminantes unas enormes castañas, lástima que sean de madera.

Pero en el Camín Encantáu también hay edificaciones de interés, como la iglesia de la Magdalena, en el pueblo de La Maletería, donde puede admirarse un texu milenario, que para los antiguos astures era el árbol de la vida por su longevidad y de la muerte por su veneno; la iglesia de Santa Eulalia (Santolaya) de Ardisana, de origen altomedieval; la fuente del Cañu, del año 1915, o la cruz de los Garabiales, del siglo XVIII.

Entre lo más destacado de la ruta figuran las espectaculares vistas del valle de Ardisana, panorámicas que dejan boquiabiertos a muchos de los senderistas. Para cubrir este trayecto hay que ir bien preparado, puesto que no se trata de una senda de fácil acceso. Hay largas subidas y bajadas de un importante desnivel, por lo que es importante llevar un buen calzado, ropa cómoda, además de agua y algún tentempié para el camino.

Un grupo de tres amigas y un niño que realizaron el Camín Encantáu hace unos días aseguraron que disfrutaron de «unas vistas increíbles». Claro que «hay que venir bien preparado», afirmó Bárbara Balmori. «Realmente, merece la pena hacer este recorrido, aunque a veces el camín imponga», aseguró Ana Llamazares.

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