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El día más feliz del rey del asfalto

21.10.11 – 00:14 –

ÓSCAR MARTÍNEZ | SANTANDER
El único cántabro que ha logrado un éxito en una prueba del Mundial habla de todos sus recuerdos
Hoy se cumplen 10 años del histórico triunfo de Chus Puras en el Rallye de Córcega
Chus Puras volvió a vestirse con el traje de faena de Citroen el pasado miércoles para grabar un vídeo para eldiariomontanes.es y recordar aquel triunfo en Córcega.
En 1982 tuvo su primer coche, un Renault 5 TS. Su padre, José Luis Puras, se lo regaló por buen estudiante. «Fue por aprobar la selectividad y con la condición de que no corriese en rallies». Unas semanas después de prometerle a su padre que no iba a montar en un coche de competición, Chus Puras le puso unas barras y un extintor a su R5 y se inscribió en el Rally de Llanes. Y casi 20 años después de aquella conversación con su progenitor, Chus Puras se convertía en el primer y único cántabro que ganaba una prueba del Mundial. en Córcega. Hoy, precisamente, se cumplen diez años de aquel histórico 21 de octubre de 2001, el que cambió su vida. Ese día Puras tocó el cielo con las manos y con él sus miles de seguidores.
Jesús Puras Vidal de la Peña (16 de marzo de 1963, Santander) nació en una familia en la que el motor era vida, al menos para una parte. Recuerda ver a su abuelo materno correr algún rally con un 4L y a su tío Tito y a sus primos… Ellos fueron los que llevaron a Chus por el camino que su padre, José Luis, no quería. Deseaba que su hijo estudiase y si no que se pusiese a vender coches con él en el concesionario de Valles. Chus, obediente, estudió y sacó la selectividad. Fue entonces cuando su padre metió al zorro en el gallinero. Le compró aquella joya, aquel R5 TS, su primera máquina, con la que presumía con los amigos y delante de las chavalas. Fue conducirlo y empezar a pensar en ponerse un dorsal. Era el año 1982. Sin decírselo a su padre, por supuesto, se apuntó nada menos que al Rally de Llanes. Estaba tan nervioso que se perdió en dos cruces y era incapaz de meter las marchas… y así todo, quedó vigésimo cuarto. Cuando José Luis se enteró le cayó una buena, pero dio igual, Chus había empezado su largo camino hacia ‘Córcega 2001’.
Debut a escondidas
Después de aquel debut a escondidas en Llanes corrió todas las pruebas del Regional y algunas del Nacional y empezó a ser el favorito de los aficionados cántabros. Su manera de conducir entusiasmaba. Chus dio el paso y se fue a Madrid a los mandos de un R5 Turbo y consólo un patrocinador en su mochila. Allí, en una ciudad excesiva para un chico de Santander y sin apenas amigos, tuvo que llamar a muchas puertas. Una de ellas fue la Renault Sport, donde consiguió apoyo, el necesario para en 1986 ganar su primer título nacional sobre asfalto. Fue el primero de ocho.
En Cantabria Puras ya era un ídolo de masas. Cuando él participaba en el Rally Peñucas -años después el Caja Cantabria-, miles de personas invadían las cunetas de cada tramo para poder disfrutar del espectacular Chus. Su conducción era impecable y sus ganas de agradar hacían el resto. Los expertos dicen que era el mejor con el volante entre las manos. Tuvo muchos maestros, aunque el primero que disipó sus dudas fue Salvador Cañellas (padre), y del que más aprendió sobre el terreno fue otro mítico como Antonio Zanini. Su forma depurada de negociar las curvas, su manera de bailar con los pedales para darle freno-gas al coche, la elección del momento de frenado… Ellos, los golpes y la experiencia hicieron de Puras un gran piloto. Su dominio en el Nacional le dio la confianza necesaria para dar el gran salto. En el 90 lucha por su primer Mundial, que compagina con sus apariciones en el Nacional, y en el 94 gana el Mundial del grupo N con Ford.
Y tres años después llega su fichaje con el equipo oficial Citroen, aunque nunca consiguió el apoyo necesario para hacer todo el Mundial. Su espina. La marca francesa nunca le dio esa oportunidad. Hacía seis o cinco pruebas al año, todas en asfalto, y seguía acumulando triunfos en el Nacional (es el piloto con más victorias en pruebas puntuables para el Campeonato de España de Rallyes de asfalto con 57 triunfos).
Y llegó 2001. Puras se encontraba en el momento cumbre de su carrera deportiva. Con siete campeonatos de España a sus espaldas (aún le restaba por ganar el último de los ocho que consiguió en 2002), el cántabro disputaba el Nacional de tierra a bordo de un Toyota Corolla WRC a título privado para mejorar sus prestaciones a la par que completaba un pequeño programa con Citroën en el Mundial.
Citroën llevaba dos años trabajando en su novedoso Citroën Xsara T4 WRC, un vehículo derivado del victorioso Xsara Kit Car, pensado para vencer en el Mundial de rallies. Puras tenía un programa de tres pruebas con la escuadra francesa. Debutó en Montecarlo con un pequeño Saxo Kit Car y después estrenó el Xsara con una rotunda victoria en el Rally del Mediterráneo, una prueba de fuego que precedió al tan esperando Rally de Cataluña, en el que el piloto cántabro compartía equipo con otro consumado especialista en asfalto, el francés Philippe Bugalski.
La suerte, no
Todo parecía estar de su lado, pero la suerte, no. Los resultados no llegaban. En el mes de marzo, en Cataluña, todas las miradas estaban puestas en él. Quería ganar y lo tenía todo para conseguirlo, pero un fallo mecánico le dejó fuera. Nadie podrá olvidar que aquella bomba de la gasolina de su Xsara le falló cuando marchaba en cabeza.
En los primeros días de octubre se subió de nuevo al Citroën, esta vez en San Remo, pero un accidente volvió a dejarle sin el deseado triunfo por el que suspiraban él y su legión de seguidores.
Pero por fortuna, la mala racha terminó y Puras, para muchos considerado como el piloto más rápido del mundo sobre asfalto, por fin pudo sacarse la espina. Durante tres jornadas interminables para los miles de aficionados que seguían sus pasos, Puras puso a raya a todos sus rivales: a los franceses Gilles Panizzi y Didier Auriol, al británico Richard Burns, al sueco Marcus Gronholm, al noruego Petter Solberg… se le acercaron, pero nadie pudo con él.
A Puras, sentado ayer en el despacho de su casa y rodeado de fotos de sus hijos, de su boda y de sus triunfos, le cuesta acordarse de las tres jornadas que duró la carrera, pero del último tramo recuerda cada curva. «Teníamos una buena renta respecto a Panizzi, unos 28 segundos, pero al llegar al último tramo empezó a llover e íbamos con ruedas de seco. Me puse muy nervioso y cambiamos las ruedas traseras, que estaban en mejor estado, por las delanteras. El coche no tenía adherencia e íbamos continuamente deslizándonos por la carretera; sentía que estaba perdiendo mucho tiempo. Recuerdo que nunca he sudado tanto en mi vida. Desde el helicóptero nos daban referencias de tiempo por radio y cuando aún faltaban 15 kilómetros para el final del tramo mi ventaja ya era de sólo quince segundos. Aún no sé la razón, pero desde ese momento perdimos comunicación con el helicóptero y no me volvieron a dar más referencias. Entonces pensé, ‘esta es la oportunidad de mi vida, o ahora o nunca’. Apreté los dientes y conduje como nunca para ganar la carrera. Al final, no perdí más tiempo; incluso recuperé tres segundos». Así lo explica su protagonista diez años después.
Y en la misma meta de Córcega lo celebró con su mujer y con su copiloto, Marc Martí, y con los de su equipo y con ‘Charly’, su responsable de prensa, y con el hoy presidente del Racing, Francisco Pernía, gran seguidor de Puras y con amigo José Antonio Sañudo y con las decenas de aficionados cántabros que le siguieron hasta aquella isla francesa para verle ganar. Con todos ellos disfrutó sus primeras horas como campeón, aunque fue la llegada a Santander la que le hizo comprender la importancia real de su éxito. En el viaje hacia Santander, el piloto anunció al pasaje que en aquel avión viajaba Puras. Y cuando llegó al aeropuerto de Parayas vio a mucha gente en la pista, pero todavía no se imaginaba nada. «Cuando se abrió la puerta y al pie de la escalerilla del avión estaban Sieso, Revilla, Piñeiro y otras autoridades, lo primero que pensé es que en ese avión venía algún ministro. Tardé unos segundos en darme cuenta de que aquello era por mí», cuenta Puras. Pero lo que más le impresionó de aquel recibimiento fue cuando llegó a la terminal y vio a más de 1.000 personas coreando su nombre. «Fue lo mejor de todo. En ese momento fui consciente de lo que había logrado en Córcega».
Toca el piano
Hoy, una década después de aquel feliz e histórico día, Puras dedica su vida a sus negocios inmobiliarios, a hacer deporte y a tocar el piano. Pero sobre todo dedica todo su tiempo a su familia, a su mujer, testigo de aquel día de Córcega, y a sus tres hijos, Jorge (28 años), Alejandra (17) y Chus (15). Confiesa que hace siete años dejó Madrid y se vino a vivir temporalmente a Santander, mientras le construían una casa en la capital. Hoy sigue viviendo en El Sardinero y por nada del mundo dejaría su ciudad. «La gente me sigue queriendo».
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